Dejar la escoba
- ¿En qué lugar del supermercado están las escobas?
- ¿Escobas? ¿Qué es eso?
Este diálogo, que puede parecerle sorprendente, no sería raro que en poco tiempo más lo pueda escuchar en alguno de esos grandes supermercados que forman parte de nuestro paisaje cotidiano.
Es que si usted observa con atención, cada vez va siendo más raro encontrar las tradicionales escobas de curagüilla, reemplazadas por una colorida variedad de escobillones de fibra plástica.
Y si las escobas se van batiendo en retirada, no han corrido mejor suerte las antiguas y nobles teteras de aluminio o fierro enlozado, desplazadas ahora por los modernos hervidores eléctricos que, desde su privilegiada posición en la cocina, las miran con desdén. Olvidadas en un oscuro rincón, las pobres se consuelan pensando que algún día, si llegare a faltar la energía eléctrica, recuperarán el terreno perdido.
Otra víctima de la modernidad es el tostador que colocamos sobre la llama del gas para prepararnos unas sabrosas y crujientes tostadas; modernos aparatos eléctricos cumplen la misma función de manera más rápida y eficiente, sin el riesgo de que, por un descuido u olvido, las tostadas se conviertan en carbón.
No le va mejor al noble guatero de goma o plástico, condenado a la jubilación por el calientacamas eléctrico.
La velocidad de los cambios tecnológicos ha alcanzado tal magnitud que casi resulta imposible seguirles los pasos y mantenernos a la par.
La grabadora de cassette tuvo un sólido reinado que se prolongó por cerca de treinta o cuarenta años, pero que concluyó con la introducción de la grabadora digital y de los MP3 y MP4 que cumplen otras funciones aparte de permitir registrar y reproducir la voz.
En el ámbito de la computación ya nadie se acuerda del diskette en el que podíamos almacenar archivos de textos e imágenes. El pendrive también lo condenó al olvido.
De esta manera, casi sin darnos cuenta, la modernidad se ha ido instalando en nuestra vida, a partir del momento en que hemos decidido dejar la escoba.
