“Gracias Dios, nuestros mineros viven”
“Estamos bien en el refugio los 33”, fueron las palabras que portaba el primer mensaje emitido por los mineros atrapados en la mina “San José” de Atacama, dando con ello explicitas señales de estar con vida después de 17 días transcurridos el derrumbe. El escrito salía de las entrañas de la tierra en el día de María Reina, el domingo 22 de agosto, luego de que muy temprano una de las sondas alcanzara los 688 metros de profundidad y diera con el refugio.
Por la tarde, se llegó al lugar con una cámara de video, donde se pudo filmar a algunos de los mineros. Se les veía en buenas condiciones físicas y con sus lámparas prendidas. Sin embargo, lo que más emocionaba era la expresión de alegría y esperanza que reinaba en sus ojos.
Las primeras palabras de sus familiares fueron de gratitud a Dios, en quien siempre confiaron y a quien nunca dejaron de orar, incluso cuando los dichos de las autoridades y los expertos eran de un pesimismo abrumador.
Del mismo modo, en todo el país se contagiaron sentimientos de alegría y alivio, a penas se comenzó a socializar la noticia. En muchas ciudades, hubo expresiones de júbilo a través de bocinazos en las calles, grupos de personas flameando banderas y sentidos “ce hache í”. Evidentemente, es lo que también aconteció en Chillán y Chillán Viejo, donde se celebró de especial forma la buena nueva que involucra a uno de los nuestros, el minero chillanvejano Juan Illanes Palma.
Sin duda, la noticia que faltaba para comenzar a vivir de manera efectiva la celebración del Bicentenario, que lejos de recordarnos los grandes capítulos de nuestra Patria durante dos siglos de historia, más bien debe enseñarnos a forjar una memoria agradecida por todas las generaciones anónimas de chilenos y chilenas que, al igual que los mineros de la San José, han puesto sangre, sudor y lágrimas al servicio de una nación que no siempre les reconoce como sus verdaderos protagonistas.
Esa es la gran lección que deberíamos aprender de todo esto. En cada uno de esos 33 hombres, no sólo hay un minero, sino más bien un guerrero que a diario lucha por el sueño de muchos en las profundidades de una tierra que nos enriquece con vergüenza. Un grupo de hombres con mayúscula, que junto a sus familias, representan esa raza especial del “roto chileno” que ya quisiera cualquiera en su ADN. Ahí está plasmado el gran valor de Chile, y si hay algo que debiéramos preservar para el futuro en la cápsula del Bicentenario, es precisamente 33 muestras de sangre de estos valientes héroes de hoy, tarde lo que tarde su rescate.
(RICARDO NÚÑEZ GATICA, periodista, director de radio El Sembrador).