Hemiplejia
¿Con cuál pierna camina usted? ¿Con la derecha o con la izquierda? Al menos que sufra hemiplejia la respuesta es obvia: con ambas. Cuando alguien padece de parálisis en la mitad de su cuerpo su desplazamiento es lento y dificultoso.
Y lo que le ocurre a las personas también le sucede a los pueblos. Por demasiado tiempo en el campo de la política se habla de izquierdas y derechas. Hay quienes con toda franqueza, y hasta con un dejo de orgullo, declaran ser de izquierda o de derecha. Se habla, incluso, de una cultura de izquierda y de una cultura de derecha.
A la primera la caracterizarían, por cierto en términos muy generales, el énfasis en los derechos de los trabajadores, la desconfianza hacia los empresarios y el papel activo del Estado en la gestión y en la conducción de la economía.
La derecha, en cambio, desconfía de los trabajadores y sus organizaciones y es partidaria de que el Estado intervenga lo menos posible en el ámbito de la economía.
Avanzados los primeros decenios del siglo XX, Chile vivió la experiencia de gobiernos de derecha y de izquierda que fueron dejando su impronta en el desarrollo de los acontecimientos. Aplicando sus recetas, sin duda muy bien inspiradas e intencionadas, intentaron dar solución a los problemas de la sociedad. Sin embargo los resultados a menudo no fueron los esperados. Y, como en el caso del hemipléjico, el avance del país fue lento e inarmónico.
Ahora, cuando transitamos en los inicios de este siglo XXI, no faltan lo que se preguntan si no ha llegado la hora de que, superados los rígidos esquemas de derechas e izquierdas, el país se decida a caminar empleando ambas piernas.
Ciertamente no es tarea fácil; es un gran desafío para las nuevas generaciones que, dejando de lado su apatía e indiferencia, están llamadas a romper con las ideas del pasado y a inventar un modo nuevo de hacer política.
En mayo del 68, en Francia, los jóvenes se lanzaron a las calles desafiando lo que consideraban un orden caduco y que debía cambiar. Sus anhelos los sintetizaron en varias consignas, entre ellas una que dio la vuelta mundo: “la imaginación al poder”.
Tal vez eso es lo que reclama el país en esta hora: imaginación, creatividad, ideas nuevas, propuestas audaces para dejar atrás la hemiplejia y avanzar, con paso firme, hacia el progreso espiritual y material de todos sus habitantes.