¡El mundo se va a acabar!
Esa es una verdad tan grande como que Ud. un día se va a morir.
La eternidad de la materia y del planeta es algo que pocos se atreverían a sostener. Lo curioso es que con frecuencia aparecen noticias del fin del mundo e inmediatamente y tranquilizadoras noticias que en nombre de nadie sabe quién todo es desmentido.
Pareciera que nadie se lo toma realmente en serio. Por una parte, pensar en el propio fin –la muerte- está alejado de las preocupaciones diarias y encarar el fin del mundo es la otra cara de la moneda. Si se acaba el mundo es que también nos acabaremos. Y eso ¡mejor ni pensarlo!
Por otra parte, nos cuenta asumir la temporalidad. El tiempo se vuelve un enemigo que todo lo devora y que jamás se deja atrapar, como si fuera agua entre las manos. Para fijarlo están los calendarios. De hecho todos los anuncios de fechas de fin de mundo van acompañados de lecturas arbitrarias y confusas de calendarios, a veces, admirables y precisos otros, apenas científicos.
Cuando el final del mundo no se asume seriamente ni se reflexiona con serenidad, se convierte en canción, en profecía, en libro, en película y al fin no es más que lo expresado en aquella lúcida crítica “un espectáculo sin freno ni mesura” para “suscitar nuevos miedos y manipular los antiguos.”
Los católicos somos los primeros en desmentir el acabo de mundo con fecha determinada. Sin embargo, es la Fe católica, la que más consistentemente ha afirmado, desarrollado, encarado y respondido a la angustiosa pregunta. En su estructura doctrinal existe la temática bajo diversos nombres a través de la historia, las postrimerías, los novísimos, la escatología, la teología de la creación. En medio de algunas distorsiones y también exageraciones sobresale una verdad iluminadora. Dios nos hereda su eternidad y hace nuevas todas las cosas, también el cielo y la tierra. El mundo entero no es caos y un día, que no sabemos, se consumará y será una tierra nueva donde habitará la justicia y nuestros anhelos de paz serán colmados.
Nos vamos a morir y este mundo tendrá fin. Asumir nuestra verdad nos abre a una verdad mayor. La de la auténtica Fe y a una verdadera responsabilidad por el mundo que vivimos.
Que el universo tenga un final es como decir que tiene un sentido, lo que se impone para nosotros como una mayor responsabilidad por el mundo en que vivimos. Es tiempo de preocuparse por el futuro, pero sin pesimismos. Es tiempo de esperanza, no de miedos.