Ni tanto ni tan poco
Uno de los temas recurrentes en el debate público del último tiempo, acentuado por la campaña presidencial, ha girado en torno a la relación Estado – Mercado en el manejo de la economía.
Es verdad que la crisis financiera, que afectó prácticamente a todos los países, obligó a una fuerte intervención de los gobiernos para salvar de la debacle a bancos y otras instituciones financieras; esto derivó en un duro cuestionamiento a quienes predican y practican el libre mercado a ultranza y limitan al extremo el rol del Estado en la economía.
En Chile el candidato oficialista, Eduardo Frei, y el abanderado de la izquierda extraparlamentaria, Jorge Arrate, fueron quienes con mayor fuerza reivindicaron el papel del Estado en la gestión económica y señalaron que, de resultar favorecidos con el voto popular en las urnas, procurarían introducir las reformas que sean necesarias a fin de restablecerlo.
A la luz de las experiencias vividas en el país durante el siglo pasado, cuando el Estado era el principal gestor de la Economía y, por ende, cada gobierno que se sucedía en el ejercicio del poder, hacía y deshacía en esta materia, conviene tomar una prudente distancia.
En otras palabras, ni tanto ni tan poco; es decir no al Estado que cree saberlo todo y quiere hacerlo todo, ahogando la iniciativa de los ciudadanos, como aquellos padres sobre protectores que anulan la iniciativa y creatividad de sus hijos. Pero también, no al libre mercado sin control ni regulaciones que dejan todo librado a la oferta y la demanda.
El desarrollo sustentable descansa en un sano equilibrio entre la fuerza del Estado y la del Mercado; fue novedoso en este sentido escuchar en una charla a Osvaldo Andrade, ex ministro del Trabajo, elegido diputado por un distrito de la Región Metropolitana, mostrarse favorable a la fórmula: más y mejor Estado, más y mejor Mercado.
A vía de ejemplo, ante la colusión de las tres grandes cadenas de farmacias del país para fijar precios a los medicamentos, hubo quienes inmediatamente plantearon la idea de que se creara una red de farmacias estatales que pudiera competir con precios más baratos para obligar a la competencia a rebajar los suyos.
No obstante, habida cuenta de experiencias en otras áreas, como Ferrocarriles del Estado, surge la legítima duda, si tal red funcionaría de manera eficiente para cumplir con su objetivo y no se transformaría en una caja pagadora de servicios políticos; en coto cerrado de un determinado partido de la coalición que esté en el Gobierno, donde sus militantes encuentren una “pega”.