Caja idiota, ahora digital
Uno de los recuerdos más frescos que tengo de mi niñez es cuando mis padres llevaron a casa su primer televisor en colores. Un día de fiesta, que nos reunió hipnotizados en torno a la única señal televisiva que se podía ver en tan sofisticado aparato.
Hoy la realidad es distinta. Junto a la oferta de varios canales nacionales, también están los locales y la amplia red de cadenas internacionales que ofrecen las empresas de televisión por cable. Sin embargo, lo masivo no es sinónimo de variedad. Y a pesar de la evolución del mercado televisivo, es frecuente sentarnos frente a la TV, presionando el control remoto hasta el cansancio, sin encontrar nada interesante que ver.
Con la incorporación de la televisión digital, muchos apuestan por un salto sustancial en la calidad de la televisión chilena. Y es que la norma japonesa no sólo nos permitirá acceder a señales de alta definición en cada rincón del territorio nacional, sino que además, ampliar la conectividad a través de la telefonía móvil y disponer de nuevas aplicaciones y servicios interactivos. Por otra parte, se garantizarán más espacio para más canales y dentro de cada uno, más señales.
Sin embargo, la tecnología por sí sola no mejora los hábitos ni amplia los conocimientos, por lo que vale preguntarse si este paso a la era digital, se traducirá realmente en el mejoramiento de los contenidos de la televisión. Lo cierto es que tras la elección del formato, aún falta lo más importante, que se apruebe en el Congreso la modificación a la ley de televisión vigente.
Lamentable sería que este paso signifique un camino sin retorno a la agudización de la televisión basura, desechable, con contenido inapropiado bajo el amparo descarado del derecho a la libertad de expresión, o una televisión cada vez más esclava de las empresas de retail.
Esperemos que la regulación sobre la cual se legislará, esté a la altura de los nuevos tiempos, ya que el paso a la televisión digital nos ofrece una gran oportunidad. En nuestras manos está darle por fin un apagón definitivo a la caja idiota.