El resto del país
¡A Santiago! ¡Saliendo a Santiago! vocean en las cercanías del Terminal de buses Constitución, invitando a posibles pasajeros que descienden de micros y colectivos.
Y es que, a pesar de la regionalización iniciada hace ya tiempo, la capital sigue siendo el principal centro de actividades comerciales, industriales, sociales y culturales del país, atrayendo hacia ella, como un poderoso imán, a los habitantes de las regiones. Y para qué hablar de la salud.
Sin embargo el centralismo no es sólo un problema de orden político o institucional; es más bien una mentalidad profundamente arraigada entre nosotros. ¿Se ha fijado usted que, cuando en los noticieros de la radio o de la televisión informan sobre las condiciones del clima, a menudo los locutores o los periodistas, luego de referirse a Santiago, añaden la frase ritual “y en el resto del país”?
Sí porque para quienes viven en la gran metrópoli, las regiones y quienes habitamos en ellas somos “el resto del país”. El diccionario define la palabra “resto” de la siguiente manera: “Residuo, parte que queda de un todo o conjunto”.
¿Somos eso las regiones y sus habitantes? ¿Un residuo, una pequeña parte que, eventualmente, se puede botar como se arroja al lavaplatos lo que quedó en la taza?
Hace algunos años una revista dedicó un reportaje a un poeta de mucho lustre avecindado en Chillán. Las autoras, con absoluto desparpajo, describieron a la capital de Ñuble, como “una perdida ciudad del sur”.
Si uno comenta con algún santiaguino que usted vive en Chillán, de seguro no va a conseguir comentarios que vayan más allá de: ‘ah, sí, la ciudad de las longanizas’, o ‘la sustancia de Chillán’; así como Curicó es “la ciudad de las tortas”. A raíz de un reciente suceso policial, los reporteros no dudaron en rebajar a la vecina y muy respetable San Carlos a la condición de “localidad”.
Más allá de los límites de la Región Metropolitana, viven, trabajan, sufren, ríen, sueñan chilenas y chilenos que, ciertamente, no son “el resto del país”. Y que tienen la obligación ineludible de hacerse oír y respetar.
Radio el Sembrador de Chillán silenciará sus transmisiones el 21 de Septiembre día del trabajador radial. Dicho gesto lo viene repitiendo ininterrumpidamente incluso después que se rompiera la tradición de ARCHI en el año 2.000.